La Argentina -con etica- puede salir de la pobreza

Por Bernardo Kliksberg

"La argentina puede salir de la pobreza, pero tiene que haber ética en la economía” El economista Bernardo Kliksberg dice que la asignación universal por hijo va en el camino correcto, pero no basta. Pide mayor responsabilidad social en las políticas públicas y en la empresa privada.


Bernardo Kliksberg es una autoridad mundial en el tema de pobreza. Y no hace falta saber que ya lleva escritos 47 libros, el último, Primero la gente, en coautoría con el Premio Nobel de Economía 1998, Amartya Sen, para darse cuenta de que este prestigioso economista y sociólogo argentino conoce como pocos la realidad social del planeta, especialmente en América Latina. Basta con escucharlo. Su mensaje esperanzador cobra especial relevancia cuando en la Argentina se discute la forma en que el Estado debería asistir a los millones de niños pobres y en situación de riesgo social que, a las puertas del Bicentenario, hoy tiene el país. “En América Latina tenemos la experiencia de que la pobreza no es una fatalidad, se puede derrotar. La clave es la participación ciudadana”, dice.

Asesor principal del Programa de Naciones Unidas para el De- sarrollo (PNUD) para la región, Kliksberg pasó esta semana por Buenos Aires y dialogó en exclusiva con Weekend.

l ¿Qué significa la ética para el desarrollo que plantea su libro, Primero la Gente?

- Hace pocos días, la FAO explicó al mundo una paradoja cruel: en 2008 hubo la segunda mejor cosecha de la historia del género humano y al mismo tiempo murieron 5 millones de chicos por hambre. El número de personas hambrientas ha ido aumentando desde 1990 y en el último año, de 2008 a 2009, hay 100 millones más de hambrientos, lo que lleva la cifra de la FAO a 1.020 millones de personas con hambre. Evidentemente no es un tema de economía, de producción, tecnológico o de la naturaleza; es un tema ético. Algo muy profundo falla éticamente para que un mundo que está en condiciones de dar alimentos a una población bastante mayor que los 6.500 millones de habitantes actuales tenga a una de cada seis personas con hambre.

l ¿Qué propone?

- El libro que escribí con Amartya Sen analiza muchos de estos escándalos éticos que son centrales. Y es una propuesta de cómo solucionar el tema. Mostramos que hay países donde la ética preside la economía y eso se ve en los presupuestos. El primer lugar para encontrar si hay ética en la economía es cuál es el porcentaje del PBI que se gasta en salud y educación. Por ejemplo, en Noruega, las prioridades están decididas no desde la economía, cómo se decide en muchos de nuestros países, en abstracto y cálculos puramente tecnicistas, sino en cuáles son las necesidades fundamentales de los seres humanos y eso se refleja en la economía, en los presupuestos y en la conducta de los actores. El primer actor, la política pública, que debe tener en cuenta la necesidad de la gente; el segundo actor, la empresa privada, a la que lo menos que se le puede pedir es que sea un ciudadano ejemplar. Y otro actor fundamental son los medios masivos de comunicación, fundamentales en la formación de la agenda pública. Ellos deberían tener en cuenta en qué están poniendo el énfasis y cómo están aportando.

l ¿Cuánto influye la calidad de la política y de la dirigencia política para que América Latina sea la región más desigual?

- Una línea central para mí es la correlación robusta que hay entre niveles de participación ciudadana y calidad de las políticas y credibilidad de los políticos. Cuanto más participativa y activa es una sociedad, mejor será la calidad de la política y los políticos. Mi ejemplo preferido es Costa Rica. Este año, en medio de la crisis, bajó la tasa de mortalidad materna a 8.7, eso significa que es mejor que la de los EE.UU.. Costa Rica ha puesto como prioridad total la salud desde hace 60 años.

l Usted se reúne con frecuencia con gobernantes de la región, ¿tienen vocación real para combatir la pobreza?

- Cuando la ciudadanía está movilizada... En Costa Rica hay una ciudadanía movilizada a tal punto que hace años atrás un presidente de ese país quiso privatizar la seguridad social y llegó a aprobar la ley en el Congreso y, con los estudiantes a la cabeza, la sociedad se movilizó y la ley no se pudo aplicar nunca. Otro caso interesante es Uruguay. En el período de gobierno que está por finalizar, la pobreza se redujo en 15 puntos. El sueño que se planteó Tabaré Vázquez fue que todos los chicos del Uruguay tuvieran acceso a una computadora y lo cumplió. Entonces, puede haber en América Latina una calidad de política diferente. Hay una sociedad muy movilizada en Uruguay que exige, presiona y no perdona.

l ¿ Y qué sucede en la Argentina? La sociedad no se moviliza, por ejemplo, para protestar porque aumentó la pobreza...

- Es esperanzador que en el mundo pueda haber un país como Noruega que tiene cero pobreza. Todos los países nórdicos tienen cero pobreza. En Canadá hay un nivel inferior al 10%. Pero en América Latina tenemos la experiencia de que la pobreza se puede derrotar, que no es una fatalidad. Uruguay la redujo 15 puntos y Costa Rica tiene tasas récord de muy baja mortalidad materna e infantil. Chile de Michelle Bachelet termina su gobierno con protección social total para todos los adultos mayores de 65. Tanto ella como Tabaré, como el presidente de Costa Rica o Lula, que redujo significativamente la pobreza, tienen niveles de popularidad altísimos y si hubieran querido intentar reelecciones tendrían todas las posibilidades. No lo hicieron por consistencia democrática.

l ¿Qué falla en Argentina para que mientras estos sucede en esos países aquí hablemos de un aumento de la pobreza? Hay informes que hablan del 40%.

- Diría que ésta es la tragedia de la pobreza argentina porque es el cuarto país productor de alimentos del planeta y tiene, según algunas cifras, 8 niños que mueren de hambre por día. La tragedia tuvo un epicentro en los ‘90. A comienzos de los ‘60, antes de la dictadura horrorosa y de estas políticas ortodoxas, la dosis de capitalismo salvaje de Menem, la tasa de pobreza en la Argentina era menor al 10%. Argentina tenía el 8% de pobreza a comienzos de los ‘60 y un 53% de la población formaba parte de la clase media. Era un país de oportunidades. Ya en la dictadura militar hubo exclusión social en forma abierta, pero durante el período de Menem la pobreza creció, se triplicó la desigualdad otro tanto y la desocupación pasó del 8% al 23%. A fines de 2002, esas políticas llevaron a un 58% de pobres. La Argentina puede enfrentar y salir de la pobreza, pero tiene que haber ética en la economía. La economía debe estar subordinada a prioridades morales y eso tiene que tener expresión práctica. En la Argentina todo eso anda débil: anda débil la responsabilidad social de las políticas públicas y la responsabilidad social de la empresa privada, aunque hay buenos ejemplos. Durante el período de gobierno anterior, el de Kirchner, en el tema de la educación hubo un ministro que tenía claras las prioridades, Filmus, y logró derrotar el analfabetismo y sancionar la ley de Financiamiento Educativo, que obliga al país a gastar el 6% de su PBI en 2010. Me parece fenomenal el llamado permanente del cardenal Bergoglio y de la Iglesia porque hacen el trabajo que estamos sugiriendo, poner en el centro de la agenda pública el tema de la pobreza. Es una prioridad irrenunciable.

l ¿Cómo explica que especialistas estén planteando que la distribución del ingreso hoy es peor que en los ‘90?

- Fuere cuales fueren las cifras, la pobreza es considerablemente menor que en 2002. Lo que no es para hacer ningún triunfalismo. Aún cuando había un cierto consenso de que había retrocedido al 22 o 23%. Eso es uno de cada cinco argentinos, pero si no se va en la dirección adecuada... Está claro que no ha habido la sabiduría conjunta de todos los actores para tener un resultado mejor. Además está incidiendo la crisis. l El hecho de que se falseen estadísticas, la pobreza no se mide desde 2007, ¿influye en la efectividad de las políticas?

- Mi coautor Amartya Sen y Joseph Stiglitz terminan de ser convocados por Sarkozy para armar un nuevo índice para medir el progreso de las naciones. Ambos dicen que este tema es fundamental. Si seguimos midiendo solo con el PBI nos vamos a equivocar con las políticas porque éste no dice nada de qué está pasando, por ejemplo, en Tucumán, La Rioja, las zonas más pobres de cualquier país. Y no dice nada de salud, educación. Ellos descartan al PBI y arman una batería de indicadores para medir el desarrollo de manera mucho más rica. Que la Argentina no tenga indicadores puede llevar a políticas totalmente equivocadas. Es fundamental que una sociedad tenga indicadores consensuados, técnicamente serios. Es ejemplar en EE.UU., el Departamento de Estadística informó en setiembre que se destruyeron 260 mil puestos de trabajo. Eso es un golpe muy fuerte para Obama. Obviamente no lo causó él, el período de Bush, la economía ortodoxa y la especulación salvaje de Wall Street fueron factores decisivos. Pero a nadie se le pasó por la cabeza ocultar la cifra o tratar de bajarla o usar algún artilugio técnico.

l ¿Qué opina del proyecto de una asignación por hijo para combatir la pobreza?

- Creo que se está convirtiendo en un proyecto consensual y que es totalmente en la dirección indicada. Es imprescindible porque es un mínimo de apoyo a la población más vulnerable. Pero no basta y depende también de los contenidos que tenga. Las cifras que se están manejando tienen un intervalo muy grande. Debería ser una cifra importante porque el deterioro es muy significativo.

l ¿Está de acuerdo con que el subsidio sea universal como pide la oposición?

- En realidad un subsidio de este tipo no es un subsidio. La experiencia internacional demuestra que se autofinancia. La suma de dinero que se dedique a eso va a ser utilizada por las familias que lo reciban en consumo. Va a ser un reactivante de la pequeña y mediana empresa, del empleo y va a mejorar la recaudación fiscal.

l El Gobierno se escuda en el costo fiscal y promueve una ayuda acotada.

- Tenemos una medición indirecta: por cada dólar que envían los inmigrantes latinoamericanos que se fueron a los EE.UU. a sus familias, éstas lo gastan en consumo. El multiplicador económico de esto es cinco a uno. Produce un efecto de reactivación.

l ¿La asignación universal es útil para atacar el clientelismo?

Sí, en la medida en que está consagrado como un derecho. La pobreza es una violación de derechos y la política social es restituir derechos. Todo aquello que garantice jurídicamente que no depende de uno u otro manejar eso, que es un derecho de la ciudadanía y lo puede reclamar, ese es el camino correcto. Por ejemplo en esta ciudad de Buenos Aires se está desalojando en operativos a los más desalojados de toda la sociedad, a los que a duras penas logran construir formas de equilibrios mínimos viviendo en lugares abandonados. Esto es una política pública totalmente errónea y antiética. No resuelve nada. La pobreza es el tema de proteger a los chicos pero también a los desarticulados, de dar trabajo a los jóvenes. Uno de cada 4 jóvenes argentinos está fuera del mercado de trabajo y el sistema educativo. Eso es una bomba explosiva. La delincuencia juvenil tiene que ver con eso.

l La gente exige respuestas ya, leyes duras contra la delincuencia y no que se baje la pobreza...

- La opinión pública está muy desorientada en este tema. Estadísticamente en toda América Latina está demostrado que no hay ninguna correlación entre aplicar la mano dura y bajar la delincuencia. Hay dos tipos de delincuencia, el crimen organizado, el narcotráfico, y hay que caerle con todo el peso de la ley, pero la delincuencia juvenil es otra cosa. Hay correlación entre niveles del desempleo y delincuencia juvenil. Cuando mejora el empleo y la educación ésta baja.

l Por último, ¿qué futuro imagina para la Argentina?

- Soy optimista. Creo que a pesar de todo a la ciudadanía no la para nadie. Es una sociedad cada vez más activa, donde más gente siente necesidad de participar, con más ONGs, con iglesias que juegan un rol significativo y con medios con una calidad rica de periodistas. En la participación ciudadana está la clave de que pueda haber un país con políticas de mejor calidad


Fuente: http://www.cronista.com/notas/208486-bernardo-kliksberg-la-argentina-puede-salir-la-pobreza-pero-tiene-que-haber-etica-la-economia