Donante de órganos en Navidad


Donante en Navidad…


“Estas Navidades sería lindo que todos fuésemos donantes de órganos.”
Esto me dijo un amigo hace poco.
En principio confieso que me sorprendió su deseo.
Luego, dándole vueltas a la cosa, me puse a pensar cual sería el órgano que donaría si la decisión dependiera de mi.
Dado que hay algunos que podría donar y seguir teniendo una vida casi normal, no encontré una respuesta rápida.
Esa noche, estaba conciliando el sueño cuando me vino a la mente como una ráfaga la idea: mis codos. Eso! Querría donar mis codos!
Lo primero que se te ocurrirá al leer esto es: el codo no es un órgano; y lo segundo: estás bromeando, no? Vayan sendos “No”. No es un órgano el codo; de acuerdo. Tenés razón.
Y no, no estoy bromeando.
Porque de los múltiples usos que tiene el codo hay uno que seguramente no desconocés: sirve para eliminar los errores de nuestras vidas.
Porque, quién desconoce ese viejo adagio que reza:

“Uno borra con el codo lo que escribió con la mano”?

Todos lo sabemos, todos lo hemos hecho alguna vez.
Por eso quiero donarlos, para que a partir de ahí, las páginas que escriba en mi vida tengan siempre la fuerza de mi convicción y la responsabilidad de haberlas hecho con el propósito genuino de que nadie desconozca la intención con que fueron hechas.
Para que antes de escribir o decirlo piense mil veces lo que siento y quiero decir, y para que luego no pueda arrepentirme de haberlo hecho.
Para no permitirme borrar lo mejor que se me ocurrió de gente que quiero y mil veces saqué de mi mente y de mis labios, esas palabras que sé bien se merecen porque arriesgué que quizá “no era el momento oportuno”.
Para que esas palabras, fuertes o débiles, sencillas o profundas lleguen donde tengan que llegar con esa alegría y fuerza que tiene la palabra sentida.
Para que nadie ignore lo que significó en cada momento de mi vida, aunque yo mismo haya significado poco en la vida de ese alguien.
Para no dejar de reconocer lo bien que me hicieron en determinado momento de mi existencia y por pruritos o prejuicios incomprensibles no lo dije a tiempo.
Para que no olvides que si alguna vez te lo insinué, hoy puedo decirte “te quiero” expresamente sin que la tecla “CODO” de la compu o el codo físico mismo borren las palabras mas puras que pudieran ocurrírseme y, aunque tan utilizadas y gastadas por el tiempo, su valor y significado es siempre nuevo, porque es para vos.
Por eso quiero expresamente dejar escrito que en estas Navidades: quiero donar mis codos.
Para que en negro sobre blanco tantas cosas que la vida me permita decir o escribir –y mi corazón dicte- no caigan bajo el yugo tirano de un momento de debílidad anímica y borre esas palabras que sin duda lamentaré después no haber dejado escritas.
Hoy sé bien que donando mis codos, no podré ignorarte, no podré olvidarte, no podré dejar que “escuches” lo importante que sos para este humilde alguien que te aprecia y te respeta y te quiere, más allá de las distancias, del tiempo y del olvido.
Hoy, en estas Navidades, es mi primer ensayo: te cuento que trabé la tecla “CODO” en la PC y enyesé mi brazo para que mi codo físico patine en mi hoja virtual y no permita que borre absolutamente nada de lo que te escriba.
Te deseo la más hermosa de las Navidades junto a tus seres amados, y que un día, si te proponen ser donante, me emocionaría digas: “Sí quiero. Quiero donar mis codos!”.
Y que a partir de ese entonces alguien lea emocionado lo que dicta tu corazón, así en crudo, sin anestesia, con todo el amor que tenés dentro y tantas veces borraste con ese “órgano” que hoy por hoy, creo que no necesitamos.

Muy Feliz Navidad!